domingo, 27 de febrero de 2011

Febrero

Libros...

... leídosPlatero y yo de Juan Ramón Jiménez, Black & Blue de Ian Rankin y Huye rápido, vete lejos de Fred Vargas.

... comenzados: Sunset Park de Paul Auster.

... en proceso de lecturaLos miserables de Victor Hugo y Sunset Park de Paul Auster.

... abandonados: -









sábado, 26 de febrero de 2011

E-book killed the cover star

La revolución de los e-books, ya sean para iPad o Kindle o cualquier otro dispositivo, no sólo (sí, yo le sigo poniendo tilde, soy una rebelde), decía, no sólo significa(rá) un cambio en el paradigma de la industria editorial, sino que aniquilará una hermosa costumbre de lector glotón: curiosear el libro del vecino. Será difícil, por no decir casi imposible, ver qué título tiene entre las manos la “víctima” porque no habrá tapa que mirar; adiós a los artistas barra fotógrafos barra ilustradores que nos fascinaban con hermosas portadas o con cagarrutas monumentales. Tampoco podremos saber quién es el autor responsable de ese párrafo cautivador o si The Chicago Tribune alaba el libreto con el típico “Two thumbs up!”. ¿Cómo mediremos (a título personal, claro) el éxito de una historia si no sabemos cuánta gente la lee en el metro? Sin necesidad de estadísticas costosísimas se pueden saber cuáles son los libros más vendidos echando un vistazo a los currantes que se desplazan en transporte público: ahora, Federico Moccia arrasa.
¿Qué será de ese papel de regalo que envolvía las tapas? ¿Y de esos puntos de libro hechos a mano o regalados (dios, una opción menos para santos y cumpleaños)? ¿En qué malgastaremos esas ansias públicas de búsqueda lectora?
Estoy segura, sino tiempo al tiempo, que se propondrán para todos los dispositivos e-book tapas customizables. No digo en plan Stick&Snack (“¡se quitan y se ponen!”), pero sí algo que permita descargarse una imagen y hacerla funcionar como portada. En este mundo de apariencias en el que vivimos, seguro que muchos decidirán colocar una fotografía diferente del libro que leen, ya sea por vergüenza o, simplemente, para hacerse los interesantes. Situación: primera cita en una cafetería; él se presenta con un iPad; en su portada se lee La Insoportable Levedad del Ser de Milan Kundera; ella piensa: un tío interesante; la cruda realidad es que esconde un libro sobre extraterrestres de serie Z. A la inversa: llega ella sonriente y pide un té helado; en su Kindle cerrado se lee La noche del oráculo de Paul Auster; él piensa: una tía interesante, un poco gafapasta, pero interesante; la sorpresa es que… se trata de la biografía de Justin Bieber. Ya se sabe, aquí y ahora, aparentar es lo que se lleva.
¿Qué será de esos ávidos lectores que poseídos por la portada leían dos palabras sí y una no por encima del hombro de alguien esperando “enamorarse” de esa novela hasta ahora desconocida? ¿Y de esas maravillosas historias de amor iniciadas por un simple comentario respecto al libro que leía uno u otro? ¿Nos consolamos pensando que ganamos más de lo que perdemos?

lunes, 21 de febrero de 2011

Tonterías

Queridos amigos:
estoy harta de tanta tontería. Os escribo para suplicaros, imploraros, rogaros, una solución para dejar de ofuscarme cuando leo el diario y solo veo tontos haciendo tonterías, cuando pongo la tele y veo a un estúpido detrás de otro diciendo (y gritando) estupideces, cuando abro una revista y me doy cuenta de la ingente cantidad de gansos diciendo gansadas, cuando cojo el metro y escucho las conversaciones de bobos explicándose sus bobadas. El libro más grande jamás publicado se titularía ‘Sandeces’. De récord Guinness, vamos. Por eso os escribo, para que me recomendéis un subterfugio de lo que veo es la vida en general. No quiero irme definitivamente, es decir, no quiero morirme, porque si lo hiciera por motus propio sería por un montón de naderías, y eso, a su vez, sería una necedad, y solo engrosaría un poco más esa terrible lista de majaderías que tanto temo y que tanto crece día tras día sin que yo me proponga ayudarla. ¿Alguna solución, por favor? ¿Paciencia decís? ¿Y cuando se acabe, como el jarabe de la tos, qué hago? ¿En qué tienda decís que tengo que comprar más (porque seguro que necesitaré cajas y cajas? ¿Que lea filosofía, oigo? ¿De verdad encontraré una fórmula para eliminar la tontería, no esa propia de los adolescentes o los mocosos, no, esa profunda y dañina que mina vidas? Sí, claro, al menos se tiene que probar. ¿Oídos sordos, apunta alguien pragmático? “A palabras necias…” ¿verdad? ¿Y dónde dan clases de eso? ¿Perdón, quién ha dicho la palabra “historia”? ¿Queréis que me deprima aún más viendo las insensateces que ha cometido el género humano desde… siempre? Ah, que todo esto forma parte de nuestra naturaleza. Acabáramos. Ya estoy mucho más tranquila pensando que dentro de mi hay una imbécil potencial que pugna por salir. Tonterías las justas, amigos.

Quedo su disposición.


lunes, 14 de febrero de 2011

Envidia

Se habla de envidia “sana o buena” como si realmente existiera. La envidia es la envidia, y no existen tipos, sino grados. Esto no es como el colesterol, aunque tampoco tenga cura fácil. Un vecino con el que jugaba en la calle de niña ha inventado un pequeño chisme para mejorar no sé qué función en no sé qué aparatejo (fíjense con que desprecio entono la explicación, con que mala leche escojo los sustantivos). Ese criajo (fíjense, otra vez) tenía tanta materia gris como un berberecho. Era cruel, maleducado y encima muy poco interesante. Un tonto de remate, vamos. Ahora nada en la abundancia, tiene un dúplex de 120 metros cuadrados, varios coches, muy poco a que dedicarse y mucho dinero que gastar. Dicen que el dinero no da la felicidad. Dicen que cada uno acaba teniendo lo que se merece; se habla de justicia divina y de justicia poética. Yo no sé nada de todo eso. Solo sé que la envidia se me come por dentro y que eso no puede ser nada bueno. 

miércoles, 9 de febrero de 2011

lunes, 7 de febrero de 2011

Biblioshopping

Vivimos en la era de los gadgets. Los hay para informáticos, cocineros, mascotas… Estamos rodeados de complementos (electrónicos o no) que no llegan a hacernos la vida más fácil, pero sí más placentera. Internet es una gran valla publicitaria, ahora el primer escaparate de tendencias a nivel global; una megastore de objetos imaginados que no sabías que alguien había hecho realidad y de otros que ni siquiera hubieras pensado que existieran. Los bibliófilos también pueden encontrar pequeñas rarezas en el mundo virtual. No es cuestión de fomentar el consumismo, pero de vez en cuando un dulce no amarga a nadie. 

Library Kit

Se trata de un kit súper retro y encantador compuesto por varios objetos que se usaban hace unos años en las bibliotecas para prestar los libros, cuando los ordenadores eran sólo para viajar por el espacio. Disponible en Perpetual Kid.


National Geographic Bookmark Factory

Para los que tienen niños lectores (¡afortunados ellos!) en está web se pueden personalizar puntos de libros con colores, letras y dibujos relacionados con la revista National Geographic como, por ejemplo, momias, astronautas, microscopios, peces... ¡Y a imprimir! 


Bookcup


Se trata de una funda para libros con forma de taza de té . Me consta que las hay de varios colores aunque en la web que os paso sólo esté en fucsia y todas vienen con un punto que parece una bolsita de té. El diseño es japonés. Disponible en Curiosité.



Bookpack by Microworks

Tokyo Made es una web que apuesta por el diseño y los diseñadores japoneses. El gadget que nos concierne es otra funda para libros pero esta vez con unas pequeñas asas para llevarlo como si se tratara de una pequeña cartera de mano.



Book Book-Leather MacBook Case

Convierte tu Macbook en un libro. Estas fundas para el ordenador no tienen nada que ver con los libros excepto que lo camuflan como si se tratara de una primera edición de algún volumen perdido en el tiempo. 





viernes, 4 de febrero de 2011

Rosencrantz y Guildenstern han muerto

Desde la cola de la farmacia veo al hombre tumbado en la acera. Una decena de transeúntes se arremolina a su alrededor, curiosos, inquietos. Algunos sacan el móvil y teclean un número corto, hablan poco, cuelgan. Una señora corre hacia el establecimiento donde me encuentro y pide ayuda. La paloma blanca que ahora preparaba mi pedido sale. Dos segundos y vuelve, le dice a su compañera que no puede hacer nada, que ya viene la ambulancia, que si hay en la nevera agua fresca. Mientras, otra muchacha me atiende, lanza miradas furtivas hacia fuera, creo que piensa si puede hacer algo para ayudar, es joven y tiene cara de buena persona. Mi faringitis no es un problema grave, yo no soy el protagonista de esta historia, y me avergüenza tener atado a ese ángel allí, buscando las pastillas, cuando podría estar al lado del desgraciado, quizá sin poder hacer nada, pero animando al pobre hombre horizontal, sintiéndose útil, y que esa noche pudiera dormir el sueño de los justos. No pregunto qué ha ocurrido. Mi curiosidad me abochorna. Salgo y oigo de lejos una sirena. No puedo hacer nada por ayudar, ¿verdad? La chica que ha pedido agua está arrodillada al lado del hombre y le coge la mano. Veo que mueve los labios, ¿palabras de consuelo, de apoyo, de esperanza? La ambulancia asoma al principio de la calle. Sólo la joven de la farmacia parece tener algo que ver con todo aquello. Los demás miran, con ojos de pez, otros se han parado y murmullan entre ellos. Su pasividad es normal pero me repugna. Yo también me repelo. La ambulancia para delante del grupo. Yo me alejo con la cabeza gacha. 


martes, 1 de febrero de 2011

Beber en negro

Este año, BCNegra propone un un juego gastronómico. En varios restaurantes de la ciudad se sirven menús y bebidas especiales inspirados en los detectives protagonistas de los libros más famosos. 
En Gimlet (Santaló, 46) preparan el Cóctel Gimlet, muy apreciado por Phil Marlowe (sacado del imaginario de Raymond Chandler) cuando no se ponía ciego de bourbon. 


Gimlet


Ingredientes: 
2,5 cl de ginebra
2.5 cl de lima
corteza de limón